Ando bebiéndome a Ángela debería ser el título es este post, llevo par de semanas detrás de la Figuera como si acabara de descubrir un tipo de clavel raro y yo fuera una botánica confesa. La leo y la examino como si no la creyera… y entonces me levanto, googleo su nombre, la busco en libros y la declaro real, con su nombre español y ese último apellido que bien pudiera ser judío o en todo caso alemán.

Una mujer de 1902 -me repito a mí misma- una bilbaína de pura cepa. ¡Y no cualquier mujer de época! Que Ángela formó parte del Triunvirato Vasco de la poesía de post-guerra… y de la propia guerra: el 30 de diciembre de 1936 nace su hijo Juan Ramón, en medio de un bombardeo: “con salvas, como los reyes”, escribiría más tarde.

Toda una Mujer de Barro fue, como titulara su primer libro. Una lástima su partida, un 2 de abril de 1984, Vencida por el ángel tocó tierra en Madrid.

Hoy, como es miércoles, y los miércoles son de versos, les regalo su “No quiero”. Disfrútenlo.

No quiero
que los besos se paguen
ni la sangre se venda
ni se compre la brisa
ni se alquile el aliento.
No quiero
que el trigo se queme y el pan se escatime.

No quiero
que haya frío en las casas,
que haya miedo en las calles,
que haya rabia en los ojos.

No quiero
que en los labios se encierren mentiras,
que en las arcas se encierren millones,
que en la cárcel se encierre a los buenos.

No quiero
que el labriego trabaje sin agua
que el marino navegue sin brújula,
que en la fábrica no haya azucenas,
que en la mina no vean la aurora,
que en la escuela no ría el maestro.

No quiero
que las madres no tengan perfumes,
que las mozas no tengan amores,
que los padres no tengan tabaco,
que a los niños les pongan los Reyes
camisetas de punto y cuadernos.

No quiero
que la tierra se parta en porciones,
que en el mar se establezcan dominios,
que en el aire se agiten banderas
que en los trajes se pongan señales.

No quiero
que mi hijo desfile,
que los hijos de madre desfilen
con fusil y con muerte en el hombro;
que jamás se disparen fusiles
que jamás se fabriquen fusiles.

No quiero
que me manden Fulano y Mengano,
que me fisgue el vecino de enfrente,
que me pongan carteles y sellos
que decreten lo que es poesía.

No quiero amar en secreto,
llorar en secreto
cantar en secreto.

No quiero
que me tapen la boca
cuando digo NO QUIERO.

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