suero con fresas

Él se le apareció de repente con las manos en la espalda –y yo, que estaba despierta y siempre he sido medio chismosa, alcancé a ver su silueta. Traía en las manos uno de esos paquetes amorfos que por lo cubierto no atiné a adivinar.

Ella, que quizás intuyó que yo la espiaba, tapándole las palabras con un beso, se escabulló hacia el portal. Fueron sus gritos de gloria los que la delataron… eso y, por supuesto, el gigantesco frasco transparente. Un suero de helado de chocolate fue su regalo. Un suero que, además, incorporaba 10 fresas.

Eso de que existe la envidia sana es una mentira.

Anuncios