manos y humo

Tengo que confesarlo, las manos largas son mi fetiche.

Incluso una vez, hace ya algún tiempo, comencé a salir con un hombre sólo por sus manos. La manera en que el cigarrillo se gastaba entre sus dedos me fascinaba, era como ver consumirse una hoguera en el horizonte… Así de largas eran sus manos. Todavía hoy, después de tantos años, recuerdo los surcos gigantes que dejaban en mi piel aquellos dedos lúdicos. Eran toda una fiesta sus palmas blancas.

Y es que, cuando veo a un hombre (o a una mujer) con las manos largas, no puedo evitar imaginarme a qué se dedica, por dónde vagarán sus dedos, en qué pieles enterrarán las uñas. Unos dedos largos, finos, móviles, me excitan más allá de lo descriptible.

Las manos son –he de admitirlo- mi punto débil.

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