Aymerich no quería… yo tampoco

Ando bebiéndome a Ángela debería ser el título es este post, llevo par de semanas detrás de la Figuera como si acabara de descubrir un tipo de clavel raro y yo fuera una botánica confesa. La leo y la examino como si no la creyera… y entonces me levanto, googleo su nombre, la busco en... Leer más →

Mentira… pura mentira

Él se le apareció de repente con las manos en la espalda –y yo, que estaba despierta y siempre he sido medio chismosa, alcancé a ver su silueta. Traía en las manos uno de esos paquetes amorfos que por lo cubierto no atiné a adivinar. Ella, que quizás intuyó que yo la espiaba, tapándole las... Leer más →

Y si…

Ahora mismo, mientras escribo, me acecha el fantasma triste de una mujer de época. Ella se acerca, sigilosa, y me susurra que es mi futuro. Mi cuerpo tiembla. Le tengo un miedo terrible a volverme loca.

Las manos largas

Tengo que confesarlo, las manos largas son mi fetiche. Incluso una vez, hace ya algún tiempo, comencé a salir con un hombre sólo por sus manos. La manera en que el cigarrillo se gastaba entre sus dedos me fascinaba, era como ver consumirse una hoguera en el horizonte… Así de largas eran sus manos. Todavía... Leer más →

Hoy

Hoy quiero ser en tu boca la fruta prohibida de Adán y Eva… Siempre he notado que te comes lentamente las manzanas.

La niña de Guatemala

José tenía apenas 24 años cuando la conoció. Era maestro, de voz segura y exudaba pasión con cada célula. No era un hombre físicamente atrayente, pero cuando hablaba consumía el alma. María, en cambio, era una adolescente hermosa de 16 años y, como toda mujer, impresionable. Yo me hubiese enamorado de Martí si lo hubiese... Leer más →

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