Suertita

La buena suerte es de color verde clarito… por eso se nos pierde tanto. Niña al fin, le gusta esconderse tras las maticas y asustar a los viajeros apareciéndoseles un instante. A veces, teniéndola de frente, algunos caminantes no la reconocen y ahí es cuando Suertita, que no entiende de almas miopes, se espanta  y... Leer más →

El insomnio

El hombre se acuesta temprano. No puede conciliar el sueño. Da vueltas, como es lógico, en la cama. Se enreda entre las sábanas. Enciende un cigarro. Lee un poco. Vuelve a apagar la luz. Pero no puede dormirse. A las tres de la madrugada se levanta. Despierta al amigo de al lado y le confía... Leer más →

Mujer cambiada

La que entró de puntillas a aquella cama y se desvistió con el pudor de una niña, no fue la misma hembra que, terminado el acto, agarró su alma y salió de prisa. Sólo quedó de su historia un poema... Sólo estos versos de la Vilariño. Después Es otra acaso es otra la que va... Leer más →

La caja fuerte

Hace unas noches, registrando el escaparate antiguo que está empotrado en mi cuarto, en busca de un dibujo que no apareció jamás, reencontré mi caja fuerte. Hacía tantos años que no la veía que ya ni me acordaba que existía. Fue una verdadera sorpresa. Ella, mirándome desde su pequeñez, me desafiaba a abrirla, a desenterrar... Leer más →

Incoherencias coherentísimas

Allá arriba a alguien le ha dado por jugar con el destino, lo coje, lo cambia de lugar, lo sube, lo baja... lo pone viejo. Nada, que se pasa la tarde entretenido. Ya me tiene muy cansada el jueguecito ese. Y más cuando los hilos que corta siempre son los míos.

Castigo divino

En los tiempos de Dante, los casorios no eran a lo porque sí, había que hacer lo que mandaban los padres, la iglesia, el rey… incluso hasta el copón divino -por eso la tasa de infidelidad era tan alta. Sin embargo, según cuenta Marco Denevi, hasta Dios (un tipo omnipotente) podía ser engañado. Uno de... Leer más →

Cesare Pavese

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos - esta muerte que te acompaña de la mañana a la noche, insomne, sorda, como un viejo remordimiento o un vicio absurdo. Tus ojos serán una vana palabra, un grito callado, un silencio. Así los ves cada mañana cuando sobre ti sola te pliegas en el espejo. oh... Leer más →

Un vicio romántico

Así, como quien no quiere la cosa, él me presentó el pretexto perfecto... la excusa poema. Fumo -explicaba- porque el cigarro me hace sentir menos solo.

La pequeña calabacita

Desde que descubrió que una prima suya era la que ponía a dormir a los pequeños en las casas, se empeñó en crecer alta y saludable. Quería ser un buen relevo de sueños y fantasías y convertirse en el orgullo de la familia cucurbitácea. Sin embargo, ahora que la adolescencia reclama sus hojas y por... Leer más →

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