Hay locuras que son poesía,
hay locuras de un raro lugar.
Hay locuras sin nombre,
sin fecha, sin cura,
que no vale la pena curar…

Ella no es de las mujeres que tienen los pies en la tierra: Ann es de las soñadoras. Un soplo de brisa hace volar su imaginación y las luces nocturnas la transportan al Paris de los ’50. Ann es, de alguna manera, un poco loca, pero una loca buena. De esas a las que le gusta regalar sonrisas porque sí, porque no cuestan nada.

Según cuenta María, por las noches, cuando las nubes ya están dormidas, se le aparece un fantasma.

-Él le susurra las buenas noches con luz de luna.

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