Lucila de María del Perpetuo Socorro nació en Vicuña (Chile) y aunque de pequeña no intuyera que iba a convertirse en la primera latinoamericana en ganar un Nobel, su vida tuvo la misma trayectoria que sus poemas. Toda Gabriela era versos.

Su padre, Juan Jerónimo Godoy Villanueva, era profesor, y aunque abandonó el hogar cuando ella tenía aproximadamente tres años, la Mistral siempre lo quiso y lo defendió. Cuentan los que la conocieron que un día, revolviendo papeles, encontró unos versos suyos y a partir de entonces se despertó su pasión poética.

Fue una mujer enamorada (¿qué poeta no?) y vivió cientos de historias. A los 15, por ejemplo, se deslumbró con Alfredo Videla Pineda, un hombre rico y hermoso, más de 20 años mayor que ella, y con él que se carteó durante casi año y medio. Después conoció a Romelio Ureta y, aunque su suicidio le sacudió el mundo, también la hizo escribir aquellos Sonetos de la Muerte con los que ganara su primer premio en el concurso de literatura de los Juegos Florales en 1914. A partir de entonces utilizó el seudónimo literario Gabriela Mistral en casi todos sus escritos, en homenaje a dos de sus poetas favoritos, el italiano Gabriele D’Annunzio y el francés Frédéric Mistral.

La noticia de que había ganado el Nobel la recibió en 1945 en Petrópolis, la ciudad brasileña donde desempeñaba la labor de cónsul desde 1941. La motivación para entregarle el premio fue

“su obra lírica que, inspirada en poderosas emociones, ha convertido su nombre en un símbolo de las aspiraciones idealistas de todo el mundo latinoamericano”.

Fue un poema toda ella… quizás, como en este, también ángel.

Dos ángeles

No tengo sólo un ángel
Con ala estremecida:
Me mecen como al mar
Mecen las dos orillas
El ángel que da el gozo
Y el que da la agonía,
El de alas tremolantes
Y el de las alas fijas.
Yo sé, cuando amanece,
Cuál va a regirme el día,
Si el de color de llama
O el color de ceniza,
Y me les doy como alga
A la ola, contrita.
Sólo una vez volaron
Con las alas unidas:
El día del amor,
El de la Epifanía.
¡Se juntaron en una
Sus alas enemigas
Y anudaron el nudo
De la muerte y la vida!

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