Éramos tan pocos aquella noche que a la vez creábamos un ejército.
Éramos voces que contaban memorias y memorias que contaban historias.
Éramos la sonrisa ausente de nuestros padres, el beso cansado de nuestros abuelos, la caricia dulce de nuestras madres… el abrazo forzado de nuestros muertos.
Éramos los amigos que no se fueron.
Éramos llanto.
Éramos risa.

Hoy, afortunadamente, dejamos el éramos. Ahora somos.

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