Su casa estaba llena de fantasmas. Hombres muertos.
Cada noche se metían en su cama y, agarrándole las piernas, le hacían el amor. Ella nunca supo rechazarlos.

De su vientre, cada luna, le brotaban 30 hijos. Eran 30 los fantasmas de sus muertos… 30 hombres desnudos… Como aquellas monedas de plata de Judas.

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