Andaba sentada en un parque cuando me golpeó en el rostro la historia. Me dió de lleno en el alma. Temblé, como las hojas que arrastra el invierno, y par de gotas frías se deslizaron por mis ojos.

Nunca me había sentido una intrusa hasta esa tarde, el tiempo se me escapaba de las manos mientras espiaba la conversación de aquellos hombres y anhelaba descubrir el final como si de aquella historia dependiese mi vida.

Me imaginé enredando sueños a 4 brazos, ausentándome de culpas ajenas y disfrutando, sin ningún complejo, verme dibujada en la mujer de otro. Me sentí, simple y llanamente, la protagonista ausente.

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