A veces las cosas se acaban y no entendemos por qué. A veces simplemente se terminan. Otras veces, quizás las menos, el final llega porque es lo adecuado, porque es lo que dicta esa “conciencia” que de vez en cuando perdemos y se empeña en aparecer justo cuando menos la necesitamos, o lo que es peor, cuando menos la deseamos.

Hay finales hermosos, como los de las novelas rosas. Son los menos.
El de nosotros, por ejemplo, no tuvo la suerte de contar con un “felices para siempre”. Tuvimos que truncar la historia en apenas “lo que pudo haber sucedido”. Desafortunadamente, esta vez no éramos sólo tú y yo, éramos tú, él y yo. Y elegí.

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