vela

Allá, lejos, en el mundo de las Marías, el fuego no existe. La luz es apenas una brisa dulce que refresca la noche y las velas, tan úṫiles aquí en la Tierra, se usan solamente con fines decorativos.

Cuenta la leyenda que por eso Juana (aquella francesa que llevaba un Arco en su apellido), verdadera creyente de una María, no se arrepintió de sus pecados y, ya cercana a la hoguera, no intentó siquiera escapar del fuego. Allá, dónde la esperaban, este siempre había sido bienvenido.

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