Gula

El mundo entero cabe en un bocado dulce. Jagua no es simplemente un mito.
Se puede torturar a toda una civilización sólo con las manos.

A mi, particularmente, me encanta ver morir a las frambuesas; a veces de un mordisco les arranco la cabeza y entonces, ya deshechas, las disuelvo en crema blanca. Los habitantes de Jagua se escapan, apresuradamente, cuando la mezcla se me escurre por el cuerpo.

La ciudad dulce de la que hablaban los juglares ha quedado reducida a migajas… todo a causa de mi glotonería.

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