El molino

La última vez que se supo de él fue en aquella historia de Don Quijote. Andaba haciéndose pasar por gigante y, en plena demostración de tamaño, rompía la endeble lanza del pobre dueño de Rocinante.
Sugún las malas lenguas, la demanda de Sancho por daños colaterales lo declaró en bancarrota.
Ahora se gana la vida tapándole el sol a los paseantes.

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