Cuando el reloj de la torre vieja marque cadencioso sus 12 campanadas, yo, contraria a la Cenicienta, te felicitaré con un beso que te volará la boca. Será mi saliva húmeda tan seca como la pólvora de los fuegos artificiales y mis labios encenderán la chispa de la explosión que te llevará a la muerte.

A las 12, justo a las 12, te daré tu regalo de cumpleaños.

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