Hoy quiero que me arranques

la piel a tiras,

tú sádico, yo masoquista.

Quiero que desprendas

a mordidas

(no puede ser de otra forma)

los lunares de mi espalda

y que, con tus uñas,

las que siempre llevas largas,

dejes marcas sangrantes

sobre mi pelvis.

Hoy quiero que tus manos descuarticen

como cuchillos blancos,

la redondez de mis muslos

y que cortes mis venas

como Alejandro hizo

con el famoso nudo

Gordiano que,

de manera masoquista,

lo provocó

una noche de invierno,

en la que, como yo,

sentía ciertos impulsos.

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