El salvavidas lo agarró justo a tiempo, un minuto más tarde y el naúfrago hubiese sido presa de la tormenta. Las personas acumuladas en la orilla aplaudieron con fuerzas, se había llevado a cabo el rescate.

Yo nunca les comenté de la carta de despedida que leí anclada en la proa de su bote.
Sólo sé que, después del rescate…aún con las ropas empapadas de sal, con el murmullo de las olas en su cabeza, olvidóse del humo y partió… iba de nuevo a encontrarse con la mar.

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