Cuando el mundo quepa en una taza de café y mi cuerpo se vuelva espuma, el recuerdo de las canciones que me regalaste aquella tarde volará a través de las volutas de humo que algún ser de otra galaxia, sentado en una terraza gris, exhalará de sus labios mientras se fuma el cigarro con el que conmemoran en su mundo la muerte de otro planeta- en este caso el nuestro, convertido, por supuesto, en una magnífica taza de capuccino.

Anuncios