Hace mucho tiempo, cuando los dioses aún existían, ocurrió un gran incendio en el bosque de las aves. Muchas de ellas volaron fuera de las llamas para salvar su vida pero otras, como los pequeñitos gorriones, no quisieron abandonar sus nidos. Mientras las hembras cuidaban las crías en lo alto de los árboles, los machos formaron una bandada gris en el cielo y recogieron gotas de agua de las nubes con sus piquitos para dejarlas caer muy cerca del fuego y así evitar que este lograse alcanzar sus nidos.

Murieron muchos gorriones, es cierto, algunos no soportaron el calor de las llamas. Sin embargo, poco a poco, gota a gota, los pequeños pajaritos lograron apagar el incendio.

Cuenta la leyenda que uno de los dioses verdes que habitaba en el cielo, conmovido por la tenacidad de las grises aves, bajó a la tierra y decretó que, a partir de ese momento, a todos los gorriones machos les nacería una mancha oscura en el pecho en honor a aquellos que habían quedado quemados por el fuego.

Así me lo contó mi abuelita… por eso me es tan fácil identificarlos hoy en día.

Anuncios