Tengo deseos de ti, deseos hondos y profundos. Deseos urgentes. Deseos que, en teoría, no deberían albergar las mujeres “decentes”, tengo aquellos deseos vedados para gente pura.

Desde ahora te lo advierto, no me des entrada. Si me dejas sólo un filo de carne abierta penetraré en tus huesos como un cáncer y desde dentro labraré un camino de tierra, de esos que sirven para plantar las casas.

Hoy tengo unos impostergables deseos de besarte… lamentablemente, sé que no es el día.

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