A ella se le nota algo raro, no es una mujer como todas… La carita de gata… Los ojos claros, casi seguro que verdes…

Agazapada en aquel rincón parece uno de esos felinos que adornan los palacios persas. Si la miras bien parece tener destellos amarillos en la mirada. Tiene los ojos tristes de aquellos que han perdido anocheceres. Y son claros, sí, muy claros… Ann siempre ha tenido los ojos medio dorados, medio verdes.

Aquella noche él le había contado la historia de los gorriones mientras le acariciaba la espalda. Ella, lentamente, se había ido quedando dormida. En su sueño, un poco raro, se mezclaban hombres y animales. El Sol la descubrió con un ave entre las piernas. Un pequeño pajarillo gris que se asemejaba en demasía a los famosos gorriones de aquel cuento.

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