El 31 de agosto fue el cumpleaños de mi mejor amiga, todo risas y murumacas. Un buen cumple por así decirlo. Por cosas del destino, ese mismo día (aún sin yo saberlo), como si de alguna broma macabra se tratara, Darián, más conocido como The Blue Crusader, un amigo, perdió la vida. Se trató de un horrible accidente.

Me dieron la noticia justo una semana después. Todavía no entiendo cómo el destino pudo ser tan hijo de puta, sólo tenía 23 años. Su hermano fue el que me atendió al teléfono y a partir de ahí todo se volvió una pesadilla. Estuve al menos una hora sin parar de llorar, torturándome con mil por qués. Me afectó mucho la noticia.

Quizás por eso no quiero dejar pasar este día sin dedicarle un espacio al chico de ojos azules que me acompañó una tarde a hacer origamis. Al que escribía cuentos de muchachas pelirrojas y medía a las personas con cintas multicolores que reflectaban el alma.

Este post va para ti Darián. Y como sé a dónde te llevaron, lo dirijo directo al cielo.

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