El hijo de Pilar y Daniel Weinberg fue bautizado en la costanera. Y en el bautismo le enseñaron lo sagrado.
Recibió una caracola: -Para que aprendas a amar el agua.
Abrieron la jaula de un pájaro preso: -Para que aprendas a amar el aire.
Le dieron una flor malvón: –Para que aprendas a amar la tierra.
Y también le dieron una botellita cerrada:
-No la abras, nunca. Para que aprendas a amar el misterio.

Galeano siempre deja en sus historias un pedazo de alma, un trozo de fe, un trozo de esperanza. Por eso, cuando leí este cuento, solo recordé a aquella niña de ojos oscuros que siendo pequeña sostuve en mis brazos. Esta historia es para mi prima, para mi hermana de sueños castaños, lo único que lamento es no habérsela regalado antes.

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