María, aquella muchacha pelirroja que le encanta anochecer cerca del mar, ayer se me apareció entre sueños. Sus cabellos, en ocasiones tan luminosos, llevaban el brillo apagado de las estrellas que van a morir. Hace largo tiempo que no se le veía asomada entre la espuma. Las olas de la playa, al verla reaparecer entre las algas, besaron la orilla arenosa regalándole conchas multicolores. Caminaba descalza, como casi siempre, apresando con su pelo al viento, arrastrando con sus ojos luz.

Yo la vi aparecer entre las olas como una ondina traviesa… recordando tiempos de viejos pescadores. Al caer la luz, sin embargo, como quien se despide de la vida, regresó al mar en un susurro. El último rayo de luna iluminó sus cabellos rojizos mientras se despedía.

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