Sus sonrisas y su historia me hicieron volver a creer en el amor. Aquellas miradas tiernas y dulces convencían, dibujaban corazones en las nubes y trazaban en el cielo las líneas que dejan los hombres enamorados.

No pude menos que rendirme a la evidencia. El verdadero amor sí existe… incluso los de cuentos de hadas. Aquellos ángeles con cabellos de plata me lo demostraron durante tres mañanas.

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