Ayer descubrí musarañas en mi cuarto. Andan dos rondando la vela negra que nunca enciendo y una tercera se ha hecho, con una de mis medias, una hermosa camita de almohadas blancas.

Hoy, espiando entre las cortinas, constaté que las de la vela son amarillas y se pasan la noche entera jugando a prenderle fuego a la pequeña bola de cera que se desespera cada vez que encienden un fósforo. También confirmé que el robo del calcetín fue llevado a cabo por una mamá morada que necesitaba descansar cómodamente y que hay pelusillas malvitas regadas por el piso.

Ya no tengo ni acceso al escaparate. Estas pijas musarañas se han metido de ocupas en mi casa y no me han dejado un espacio libre. Solo espero que no se enteren mis fantasmas. Se podrían poner hasta celosos.

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