El taladro perfora su rostro de anciana cansada y unas lágrimas que vienen por tuberías se desprenden de glorias pasadas. El polvo de cientos de historias se va diluyendo en la inmensa máscara negra y un calor asfixiante se va apoderando de todos.

La cirugía plástica ha funcionado a la perfección… quizás algunos retoques más no sobrarían pero, bueno, la verdad es que el cambio no ha sido sutil.  Aquella calle sexagenaria que  sufría en cada desprendimiento ahora se ha convertido en la señora interesante que brilla en cada farola cuando se besan los enamorados.

Anuncios