La isla promete a lo lejos  una llegada tranquila. Sólo Ulises, amordazado en el fondo de la nave, lanza maldiciones. Aun no han pasado los 10 años que le juró Calipso, ni siquiera el Cíclope ha perdido su ojo.  Poseidón hincha las velas blancas con buen viento y las hermosas Nereidas surcan las olas entreteniendo marineros.

Ítaca se alza tras la bruma con noticias de que Kavafis arribó a la orilla con 56 poemas de equipaje. Lo anuncia el faro de Alejandría con señales luminosas e incluso Penélope ha decidido posponer su tejido por una noche.

Ann, como capitana emergente, asumió el control de la nave y dirigió proa a tierra, la firma de autógrafos no se la perdería por nada de este mundo. Los dioses, aun con sus designios, tendrían que esperar por su regalo.

A Ítaca debes el maravilloso viaje/
Sin ella no habrías emprendido el camino…

 


					
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