Eran un par de obreros sencillos, trabajadores de clase baja, bajísima, casi sótano. Eran dos pares de manos callosas, cortadas, maltratadas por la miseria. No tenían tablero: tenían tablas, no tenían piezas: tenían tornillos, tuercas y algún que otro plumón viejo.

La necesidad crea juegos hermosos.

 

 

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