Cuando lo conoció y le regaló el poema, Ann se elevó 3 cuartas del suelo. Que conste que digo 3 cuartas porque esa es la medida exacta que María me describió y yo (casi siempre) creo todo lo que me dicen. Aquel muchacho de ojos marrones la había sorprendido con un regalo hecho de versos…

Jaime Sabines había sido un desconocido hasta aquella tarde lluviosa, Ann nunca había escuchado su nombre y mucho menos leído algún pedazo de cielo convertido en poesía. Todo hasta aquel día. México le había entrado a la sangre entremezclando versos con la ausencia de besos prometidos.

María me contó la historia con ojos tristes y yo, como siempre hago, decidí guardarle el secreto. Esta vez solo lanzo al mar versos gastados…

Tú Tienes Lo Que Busco

(por Jaime Sabines)

Tú tienes lo que busco, lo que deseo, lo que amo,
tú lo tienes.
El puño de mi corazón está golpeando, llamando.
Te agradezco a los cuentos,
doy gracias a tu madre y a tu padre,
y a la muerte que no te ha visto.
Te agradezco al aire.
Eres esbelta como el trigo,
frágil como la línea de tu cuerpo.
Nunca he amado a una mujer delgada
pero tú has enamorado mis manos,
ataste mi deseo,
cogiste mis ojos como dos peces.
Por eso estoy a tu puerta, esperando.

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