Yo quería quererte, como se quiere la libertad desde una prisión, como un sediento busca un manantial… como una mujer desea a un hombre.  Yo quería quererte desde dentro, sin pensar que eras bueno, que eras malo, que eras un tipo correcto, atento, cariñoso, fiel. Yo quería quererte con todas mis raíces, con el tronco, con las hojas, con los frutos caídos a la orilla del camino.

Y quise quererte de día, de noche, de madrugada… incluso a las horas de sueño. Pero como tantas cosas que no suceden jamás lo logré. El corazón nunca se puso de acuerdo con la cabeza. Lástima de desacuerdo.

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