Luisito me lo contó la noche de su visita, aquella mujer había sido una perra. Tanto amor desechado en un contenedor de curvas bonitas lo había llevado a escribir aquel poema. Un poema excesivamente cínico. Maravilloso… pero cínico. De esos como sólo Luis sabía escribir, con el cuerpo del poema dibujado en una escena. Siempre dije que Nogueras debió dedicarse al cine, o al teatro (a grandes obras con millonarias producciones), pero fue una lástima que se decidiera por la tristeza de los escritores.

Quizás por eso, cuando me contó de aquella arpía, sólo atiné a decirle que no le hiciera caso al destino, al final, “la suerte estaba echada”.

Luego de aquel poema siempre supe de dónde había sacado la idea.

La suerte está echada

Se acabaron los poemitas lacrimógenos

las noches de insomnio

los dos paquetes de cigarrillos al día

la falta de apetito

el mal humor

las miradas perdidas en el aire

detrás de moscas invisibles o musarañas.

Se acabaron los dibujitos abstractos

en el mantel con la punta del cuchillo

la palidez

los polvorientos sonetos con estrambote al estilo de Navarro

las miradas ansiosas al teléfono

el mudo interrogatorio al cartero

A partir de hoy todo va a cambiar

¿Te fuiste con tus lindos ojos azules?

Mala suerte

Que te vaya bien

(y los hermosos ojos azules

te los puedes meter en tu inolvidable culo)

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