Volé entre las nubes buscándote, imaginando tu silueta en cada rayo de sol que me hería la piel… despedazándome las alas como Ícaro. Bajé al infierno y me quemé en sus llamas, deseando cada segundo que no aparecieras, respirando el azufre que me hacía recordarte. Nadé en las aguas frías del Polo Norte, soñándote en cada témpano, respirándote en la Aurora Boreal, derritiendo el iceberg que volcó al Titanic.

Al final, después de tanta búsqueda, te encontré entre las rosas que amanecían frescas en aquel pedazo de tierra que me regalaste.

 

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