Un lunar sin brillo que incite pecado es apenas una peca.
Pero ella… ella es una noche con estrellas.

Sus fotografías lo demostraban, sobre su espalda danzaban la constelaciones aprendidas hace 1000 años atrás. Las mismas constelaciones que deslumbraban a los marinos en altamar y a las que Pitágoras y Galileo pusieron nombres.

Aquellos lunares eran la copia exacta de la Vía Láctea y Casiopea y Orion jugaban a cazarse entre las pecas rosadas que asomaban temerosas a orilla de las montañas.

Aquella espalda no tenía lunares… estaba cubierta de estrellas.

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