La lluvia cae fría y me despoja de miedos, de complejos, de aquellas pesadillas de la niñez que siempre me acosaron…Y el aguacero arrecia y yo, descalza, corro  a empaparme en esa agua oscura que me espera, que me llama, que me sacude, que me eriza la piel.

Aquellos que me miran corriendo como loca con el vestido empapado y los cabellos sueltos se asombran (o tan vez se asustan) y me gritan, infructuosamente, que abandone la calle, que regrese a los portales secos. Ellos no entienden que no puedo.

Esta agua milagrosa que me baña son las lágrimas del cielo… y yo, yo sola, me estoy bebiendo toda la tristeza del mundo.

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