Ann esta vez fue la afortunada, el regalo fue uno de los famosos potes de Nutella. Él vino, en una de esas visitas cortas, y se la trajo. Ann no podía ser más feliz.

El encuentro fue en la Habana Vieja, en un edificio alto… la ciudad entera estaba a sus pies. Él, como siempre, con sus hermosos ojos negros la estaba esperando al pie de una exhibición antigua. Ella corrió hacia sus brazos.

Ann me cuenta que fue reconfortante verlo, había cambiado mucho, ya no era ese muchacho delgado que correteaba por su casa, ahora era un hombre hermoso con unos preciosos ojos negros. Hablaron mucho y recordaron viejos tiempos… tiempos en que se tomaban de la mano y leían versos juntos. Tiempos en que se escondían para quererse debajo de las escaleras.

Las cosas han cambiado mucho desde aquellos años. Ann ya no es siempre la niña dulce y él hace tiempo comenzó a saberse homosexual. Es simplemente una amistad verdadera, sin secretos, con confidencias…esta vez fue Ann la afortunada.

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