Ayer me abordó una mujer elegante y, luego de presentarse, ofreció regalarme polvo de estrellas a cambio de que la guiara de nuevo a su lugar de origen.

No pude negarme, Casiopea es la madre de Andrómeda, una de mis profetizas preferidas y el hecho de que Perseo la hubiese rescatado de aquel mounstro Cetus (a Andrómeda), al pie del acantilado, es para mi una de las mejores leyendas. Aunque según Casiopea todo fue real, incluso se atribuye la culpa al alardear de la belleza de su hija comparándola con las Nereidas, hijas del dios del mar Nereo. Por cierto, estas Nereidas son muy vanidosas y no aceptan comparaciones, por lo cual, indignadas por el atrevimiento de mi nueva amiga, le pidieron a Poseidón venganza, y este, que se deja meter el pie por cualquier mujer (ninfa u ondina) bonita, envió a Cetus. Nada, que se puede hacer un culebrón con  esta historia llena de chismes. Mira que venir un hombre a resolver problemas de mujeres… cuándo se ha visto eso? Al final resulta ser que Poseidón es peor que esas pijas Nereidas.

Casiopea fue muy buena conmigo, aunque un poco vanidosa tiene buen corazón, simplemente quiere mucho a su hija. Por eso la llevé hasta su constelación, esa que se reconoce por sus 5 estrellas en forma de M, y la dejé tranquilita.

Pude haberla soñado, es cierto. Sin embargo, hoy me desperté junto a un puñado de polvo de estrellas.

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