…Y fui y hablamos de sexo y no pasó nada… absolutamente nada… aunque parezca increíble.

Ahí estaba él, despeinado, como siempre, hablándome de fútbol (yo me pierdo por el deporte) y de pronto, sin saber cómo, caímos en el tema. El otro escribía y, de vez en cuando, miraba o asentía. Sólo se atrevía a intervenir cuando alguna temática le interesaba. Aunque más de una vez se sorprendió, de eso estoy segura.

Hablamos de todo, desde los preliminares hasta los orgasmos, incluso un poco más allá. Nos contamos cantidad, calidad y alguna que otra decepción. Cuando digo que hablamos de todo me refiero a TODO. Le comenté mis más profundos secretos y no me sentí avergonzada, él me miraba y fingía no sorprenderse (o quizás no fingía, quién sabe), yo me sentía como en casa.

Éramos tres desconocidos en un apartamento. Solos, sin interrupciones, sin prejuicios. Y no pasó nada… absolutamente nada… aunque parezca increíble.

 
Todo eso me contaba María… no es verdad que parece increíble?

 

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