Él está en la cama mientras escribo. Acostado, entre las sábanas, no sospecha nada. La barba semi-crecida lo asemeja a un Robinsoe perdido en sueños.

Me encanta mirarlo así, desde lo alto, parece que la Luna se cuela por la ventana para iluminarlo. Los lunares de su espalda, cual constelaciones, me recuerdan a aquel cazador perseguido por Diana y convertido en estrellas.

Él es mi Orión… y yo soy la diosa que le da caza. La que lo persigue, lo acorrala… lo hiere… En mis sueños todo es así, lo veo claro, él está acostado y yo, cuando no me mira, lo mato.

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