Tú y yo somos lo mismo,
exceptuando, claro está,
la diferencia de género.

Yo río, tú también
(a veces).
Yo suspiro cuando me siento
mal, bien, con hambre…
y tú  igual, lo que,
para ser justos,
en menos cantidades.
Yo miento, tú lo mismo,
quizás un poco menos,
pero bueno, así es la vida.
Yo amo, o amaba…
es parecido.
Tú también, según me cuentas,
has padecido.

Al fin del cuento,
sé lo que digo, tú y yo,
a pesar del género,
somos lo mismo.

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