Te miro, me miras, y sonrío.

Ellos no saben que somos cómplices.
No saben que, a través de las carcajadas, intercambiamos saludos ocultos que solo tú y yo conocemos.
No saben que, en las noches, cuando nadie nos mira, nos escondemos del mundo y nos amamos.
Ellos no lo saben.

Quizás por eso te miro, me miras… y sonrío.

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