Yo pensaba que estaba muerto,
creía que las 150 puñaladas,
que inocentemente
le había clavado,
habían callado su canto.

Aquel corista,
con su voz tan poco melodiosa,
estaba destrozando
una canción de los Beatles.

Por supuesto,
esa es una,
de las pocas cosas,
que no se pueden permitir.

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