Ann es una de esas muchachas cursis que van por la vida esperando enamorarse de cualquier extraño. Ella cree (aunque no lo diga) en esa locura llamada, absurdamente, amor. Es de las que quiere una boda blanca, con el vestido, el cake y las damas de honor incluidas. Es de las que se emociona por una flor y llora por un poema. La que no puede ver Sweet November sin derramar una lágrima, la que jamás engañaría, la que nunca miente…

Menos mal que María, que es todo lo contrario, usualmente es la que está al mando del timón.

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