Y él estaba ahí… buscándola.
Pero ella no apareció.

El rastro de su perfume inundaba la escena y las flores semimarchitas le daban a la estancia un toque de distinción. Nunca llegó, los rayos de sol le derritieron las alas, sobrevoló muy cerca del sol.
Cuando la encontraron solo flotaba en el mar su velo y mechones de pelo rojo.

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