Ya lo había olvidado (al menos eso pensaba María), ya no recordaba siquiera su sonrisa.
Hacía al menos una semana que no lo veía, creo que en realidad nunca lo había extrañado tanto, quizás aquel lunes solo había sido un sueño, o un deja vú. María ya no se acordaba.

Hasta hoy.

Apareció de la nada con su cinismo a cuestas y la desarmó con versos húmedos que olían a mar… a sueños, a esperanzas.
María no se lo esperaba. El oleaje se la llevó lejos, la hundió, la fragmentó… la devolvió en mil pedazos.

María es una muchacha un poco frágil. Tiene que tener cuidado con esas recaídas.

 

Anuncios