Te leo en los cuentos que no escribiste…
en las sonrisas que me ocultaste.
Te leo en las dos líneas de ron que te tomaste…
en los besos que no me diste.
Te leo en la historia de tus viajes…
en la mirada cómplice de tus personajes.

Te leo y, como siempre, la imaginación me vuela
con lo que no me contaste.

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