Si existen pulpos yo quiero uno, o unos cuantos, depende de su funcionalidad.
Y los quiero parecidos a los que visitan a Carlota, conozco varias personas que se alegrarían de tenerlos de mascotas.

Que conste que sólo me quedaría con uno, los otros los regalaría… al fin y al cabo… cada uno tiene 8 brazos.

Aquí les va el cuento que prueba mi teoría:

EL PULPO

El pulpo extendió sus brazos: era un pulpo multiplicado por sí mismo.
Carlota lo miró horrorizada y corrió a la puerta. ¡Maldita costumbre de encerrarse con llave todas las noches! ¿En dónde la habría dejado? Regresó a la mesita. La llave no estaba ahí. Se acercó al tocador. En ese momento se enroscó en su cuello el primer tentáculo. Quiso retirarlo pero el segundo atrapó su mano en el aire. Se volvió tratando de gritar, buscando a ciegas algo con qué golpear esa masa que la atraía, que la tomaba por la cintura, por las caderas. Sus pies se arrastraban por un piso que huía. El pulpo la levantaba. Carlota vio muy de cerca sus ojos enormes. Era sacudida, volteada, acomodada y recordó que entre aquella cantidad de brazos debía haber una boca capaz de succionarla.
Se refugió en su desmayo. Al volver a abrir los ojos se hallaba tendida en la cama. Un tentáculo ligero y suave le
acariciaba las piernas, las mejillas. Otro jugaba con su pelo.
Carlota comprendió entonces y sonrió.

Elena Milán

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