Te necesito, te busco, te deseo…
Susurro tu nombre y la piel se me eriza. El calor entre mis piernas quema, la humedad en mis muslos se hace visible…  El deseo toma el control de mis manos y me acaricio, no puedo controlarme.
El primer contacto es leve, casi no lo siento, las uñas trazan una figura en la piel…  el segundo, un poco más brusco, hace que tome conciencia de mi propio calor, de mi propio cuerpo.
Los senos se tensan bajo de la camiseta ajustada que mis manos tratan de quitar… lo logro… de esta manera estoy más cómoda. La saya roja anda por encima de las rodillas,  las piernas también han hecho su trabajo.

La ropa en el piso reclama que necesito un poco de aire… estoy febril.
Me levanto y, en puntillas, recorro el pasillo hasta llegar al balcón. La brisa nocturna me refresca un poco, la piel desnuda entra en contacto con las gotas de agua que van cayendo del cielo nublado.
Esta noche, casualmente, no hay estrellas, sólo brilla en la esquina la luz de la farola.

No me conformo, la calma es momentánea, vuelvo a la cama ardiendo y enciendo una vela negra. ¿Quién sabe? quizás el movimiento de su luz me calme.

Esta espera se me hace insoportable… te necesito, te busco, te deseo.

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