¡Cuánto diera por volver a soñar con Peter!… hace años que su sombra no visita mi cuarto. Desde que dejé de creer en las hadas, Campanita se ha vuelto débil y no puede viajar. Y como a Peter no le gusta dejarla sola (ya saben, Campanita es muy traviesa), no viene a visitarme. No importa que deje la ventana abierta, ni siquiera que me ponga a jugar a los piratas con la almohada, parece que ya no pertenezco al clan de los niños perdidos. Desdé que crecí ya no hay más polvo de hadas en mi cama.

Es una lástima, siempre pensé que nunca iba a crecer, mi anhelo era vivir en el país de Nunca Jamás, rodeada de indios, de sirenas… Soñaba con volar y burlarme del Capitán Garfio. Y es que, toda mi vida quise ser como Peter Pan y tener una perrita como Nana.

La realidad es que, aunque que el tiempo ha pasado y los centímetros del marco de la pared confirman que he crecido, me asomo cada noche a la ventana a buscar en las nubes algún barco pirata. Ese es mi sueño, quizás aun siendo grande Peter me deje volver.

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