Semidesnuda, con las piernas al descubierto y algún que otro mechón de rizos rebelde me acuesto.
La puerta del cuarto está bien cerrada, para que no entren curiosos, y desde el balcón entreabierto llega una suave brisa.
Del otro lado del cuarto llegan sonidos, fuertes gemidos se cuelan por las pequeñas rendijas que crea la puerta.
Despacio, casi sin hacer ruido, me levanto y trato de conseguir un libro, no creo que sea fácil conciliar el sueño con tales vecinos. El libro, para colmo, no ayuda, es una de esas novelas descriptivas ( para ser más precisa: describe a 2 personas haciendo el amor). De hecho es demasiado descriptiva, las descripciones se llevan al menos 4 páginas. No creo que pueda dormir.

La cama se me hace pegajosa, y sin remedio alguno, el baño está al cruzar la habitación.
No hay forma que pueda salir de esta. Me siento como la camarógrafa de una película porno, en este caso como la editora de voces.

Sin saber qué hacer pongo el ventilador a que trabaje a la máxima potencia. La piel, a pesar del aire frío continúa caliente.
No hay dudas, estar sola en una cama, con unos vecinos ruidosos, no es buena idea.

Anuncios